Relajación muscular controlada para suavizar las arrugas de expresión sin perder el gesto ni la naturalidad de la cara.
La toxina botulínica relaja de forma temporal el músculo que provoca una arruga determinada. Al dejar de contraerse con tanta fuerza, la piel de encima se alisa y la marca se suaviza.
Todo el resultado depende de cuánto se pone y dónde. Bien dosificado, la cara sigue expresando: se ve descansada, no congelada. La mala fama del bótox viene casi siempre de la sobredosificación, no del producto.
Se estudia tu gesto en movimiento, no solo en reposo, y se revisa tu historia clínica para descartar contraindicaciones.
Se marcan los puntos exactos de inyección según tu musculatura concreta. No hay dos caras iguales ni pautas estándar.
Microinyecciones con aguja muy fina. La sesión dura unos 15-20 minutos y las molestias son mínimas.
Es cuando el efecto está completo. Se valora el resultado y, si hace falta, se retoca algún punto. Esta visita está incluida.
No, si está bien dosificado. El objetivo es suavizar, no paralizar. Se puede empezar con una dosis conservadora y ajustar en la revisión de los 15 días.
Entre 4 y 6 meses de media. Varía según el metabolismo, la zona y la actividad muscular de cada persona.
Sí, por definición: el efecto desaparece solo con el tiempo. No hay nada permanente.
Se usan agujas muy finas. La mayoría lo describe como un pinchazo muy leve. No suele hacer falta anestesia.
Un médico. La toxina botulínica es un medicamento y su aplicación es un acto médico.
Esta información es orientativa y no sustituye a una valoración profesional. Cada caso se estudia de forma individual en la primera visita.
La primera visita es una valoración sin compromiso. Te explicamos qué se puede hacer en tu caso concreto y cuánto cuesta, antes de empezar nada.