Acompañamiento médico para bajar peso con seguimiento y control, no con dietas improvisadas.
Un tratamiento de pérdida de peso con seguimiento médico parte de una valoración real: composición corporal, historia clínica, medicación que tomas y hábitos actuales. A partir de ahí se plantea un objetivo alcanzable y un plan sostenible.
La diferencia con una dieta cualquiera está en el seguimiento. Perder peso rápido es fácil; el problema es no recuperarlo. Por eso el plan se ajusta sobre la marcha en función de cómo responde tu cuerpo, y se trabaja también el mantenimiento.
Historia clínica, medición de composición corporal y revisión de hábitos, medicación y antecedentes.
Se define a dónde se quiere llegar y en cuánto tiempo, con cifras alcanzables y no con promesas.
Pauta alimentaria adaptada a tu vida real, tus horarios y lo que efectivamente vas a poder sostener.
Consultas de control para medir evolución y ajustar. Es la parte que marca la diferencia.
Al alcanzar el objetivo se trabaja la fase de mantenimiento, que es donde falla la mayoría de las dietas.
Depende de tu punto de partida y de tu constancia. Se marca un objetivo realista en la valoración inicial. No damos cifras mágicas.
El plan busca ser sostenible. Un plan que te haga pasar hambre no lo vas a mantener, y por tanto no sirve.
Depende de la fase de mantenimiento, que forma parte del tratamiento. Ese es justamente el motivo de hacerlo con seguimiento.
Solo si está indicada médicamente en tu caso concreto, y siempre bajo prescripción y control. Nunca como primera opción automática.
Esta información es orientativa y no sustituye a una valoración profesional. Cada caso se estudia de forma individual en la primera visita.
La primera visita es una valoración sin compromiso. Te explicamos qué se puede hacer en tu caso concreto y cuánto cuesta, antes de empezar nada.